La historia del patchwork y sus orígenes

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Buenísimos días a todas mis soletes!

Aunque muchas de nosotras ya tengamos claro qué es el patchwork y sus múltiples aplicaciones en nuestras labores de costura, resulta una fuente de inspiración descubrir cómo ha ido evolucionando desde civilizaciones tan lejanas como el antiguo Egipto. Actualmente, puede que sea uno de nuestros pasatiempos favoritos (y en muchas ocasiones, una gran forma de liberar estrés) pero esta técnica tan increíble ha servido de un sinfín de maneras, desde un básico imprescindible en los hogares más pobres, hasta algo decorativo y valioso e incluso una forma de terapia. Por ello, he querido crear un extensa entrada con la historia del patchwork a través de las diferentes civilizaciones.

Espero que disfrutéis tanto como yo descubriendo sus orígenes.

La historia del patchwork a través de las civilizaciones

Para saber y poder entender lo que es el patchwork, primero tenemos hablar un poco de su historia. Debemos entender que la tela es un material que si no es tratado específicamente se deteriora y termina por destruirse con el paso del tiempo. Además, no existe información específica que aborde en profundidad este tema, solo contamos con estudios más recientes que han puesto su mira en el pasado para intentar obtener más información sobre el tema.

¿Pero qué es realmente el patchwork?

La palabra está formada por patch (parche) + work (trabajo) Traducido literalmente, significa, trabajo con parches, es decir, básicamente se trata de unir unos trozos de tela con otros para obtener una tela mayor y con eso, hacer piezas de tela mayores, o bien, remendar desde trapos, manteles, ropa hasta confección de mantas y tapices decorativos.

Como puedes ver, tiene unos orígenes muy humildes ya que remendaban la ropa y creaban colchas, utilizando materiales reciclados como medio para ello. Con el paso del tiempo, esta función de reciclaje tuvo evolucionó hasta conseguir una función más decorativa.

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El patchwork en el antiguo Egipto

Según varias teorías, la historia del patchwork sitúa su origen en el antiguo Egipto. Estamos hablando del Egipto de los faraones, unos 3000 años antes de Cristo. Esto se debe a que se han recogido varios tapices que así lo demuestran.

La colección egipcia dentro del Museo Británico, contiene una figurilla de marfil esculpido que representa la primera dinastía 3400 A.C. que tenía una capa acolchada. Como añadidura, los egipcios trabajaban la tela, la lana, el algodón y manejaban muy bien el arte de teñir. Además, entre los tapices encontrados también habían trabajos de bordado y apliqué, como la blusa aplicada con la que se encontró la reina egipcia Isi-em-Deb, que data del 980 a.C. además de la tienda funeraria en la que ésta se encontraba.

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A esto hay que añadirle que se han encontrado capas acolchadas en varias tumbas de los faraones enterrados en el templo de Osiris.

Una de las pocas obras de arte que se conservan y que se dice que es el quilt más antiguo que ha sobrevivido, es el Quilt de Tristán. Fue confeccionado en el siglo XIV. Y está compuesto por dos capas de lino, una capa de guata y luego está acolchado. Y cuenta la historia del romance y tragdia entre Tristán e Isolda.

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De Oriente Asiático a Europa

Según los estudios de la experta en historia del patchwork Marie Webster, fueron los israelitas los que exportaron esta técnica hasta el oriente asiático, a India o China.

Hay que destacar la importancia de las colchas de seda encontradas en China allá por el año 770 a.c. Pues fue desde ahí, a través de la ruta de la seda, desde donde se exportó a Europa.

Se atribuye a los Cruzados el exportar el concepto de Patchwork desde Oriente a Occidente. Antes de su llegada, no hay referencia alguna a esta técnica en Europa, solo ejemplos de bordados de tejidos exportados desde China y Oriente. Sin embargo, con la llegada de los Cruzados, en el siglo XII, se popularizó su uso, ya no solo como elemento decorativo (como hicieron los Tudor en Inglaterra más tarde, cuando extendieron el uso de la ropa acolchada y decorada con bordados y perlas) sino que empezaron a usar el patchwork para reforzar la ropa además de como prenda para protegerse tanto del frío, sirva de referencia la silla de montar encontrada en Siberia, sino también, las prendas acolchadas que se usaban para la guerra.

Si os fijáis en los siguientes ropajes medievales, podréis apreciar cómo la técnica de patchwork y la técnica de acolchado se aplicaba a lo largo de toda la ropa. Esto permitía proteger a los caballeros del duro metal de las armaduras, evitando así quemaduras y heridas producidas por el roce y el peso de estas. Además, gracias al acolchado, resultaban prendas muy cómodas y que aportaban mucho calor, por lo que su uso se extendió a través de los años.

Durante toda la Edad media, la ruta de la Seda tuvo una importancia vital. En el siglo VIII los árabes introdujeron el arte de trabajar la seda en España y de ahí pasó a Sicilia, a Italia, y más adelante a Francia. Donde evolucionó y desarrollaron los trapuntos, tan característicos de esas zonas.

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La historia del Patchwork Americano

Aprovechando la ruta de la seda, los beduinos usaron el patchwork como una necesidad económica y también como un elemento estético. Esta tendencia, ha seguido viva hasta nuestros días en estas tribus seminómadas, integrándolo como parte de su cultura. Un ejemplo de esto, es que las mujeres trabajaban la tela, mientras los hombres elegían a sus mujeres en función de la atracción que las prendas que habían hecho tenían sobre ellos.

Algo parecido pasó con los indios americanos. Desarrollaron unos diseños de patchwork característicos, el seminole. Quienes, reducida la extensión de su tierra y limitados sus territorios de caza, tuvieron que readaptar su medio de vida, empezando a vender sus ropas y sus creaciones a los turistas, dando lugar a piezas tan increíbles como las que puedes ver a continuación.

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Las colonizaciones.

Parece que de una forma u otra todos los pueblos tendían a remendar y reutilizar tus tejidos en favor de alargar la vida útil de ese tejido. Sin embargo, se piensa, que los quilts de Gales influenciaron los quilts Amish, del mismo modo que los misioneros llevaron el patchwork a Hawái, donde los lugareños lo adoptaron y desarrollaron su tan característico apliqué hawaiano.

La historia de los quilts empezó mucho antes de que los colonos Europeos se asentasen en Nueva York. Como hemos podido comprobar gentes de todo el mundo usaban restos de tela para hacer y remendar ropas, para ropa de cama e incluso para sus ropas de guerra. Pero fue con la llegada al norte de América de estos colonos Ingleses y Holandeses cuando la palabra quilting tomó otro sentido y floreció.

Es importantísimo destacar la influencia de las colonias para la expansión del patchwork en todo el mundo.

Tradición popular.

Durante los primeros años de la colonización, las mujeres de los emigrantes holandeses e ingleses se afanaron en coser y realizar la ropa de sus familias y tuvieron poco tiempo para coser labores de patchwork más artísticas. Y aunque, se pudieran usar mantas o colchas tejidas de forma industrial, siempre recurrían a la realización de sus propias colchas cuando la economía escaseaba, o la importación de tejidos era limitada.

Fue así como estas mujeres, tuvieron que afanarse para sacar su lado más creativo aprovechando al máximo los recursos que más a mano tenían. Por lo tanto, cuando las mantas se rompían, se parcheaban, en combinación con otras mantas, o se usaban como relleno de otras mantas. No eran pues, reliquias familiares, sino simplemente elementos para mantenerlos calientes.

No fue hasta años más tarde, cuando los tejidos fueron más asequibles, cuando pudieron preparar sus propias telas, no fue hasta entonces que el arte del quilting se extendió y empezó a desarrollarse hasta lo que conocemos en la actualidad.

Durante los años 1750 y 1850 miles de quilts fueron hechos a mano y muchos de ellos se conservan en la actualidad exhibidas como piezas de museo, o conservadas de generación en generación familiar como valiosas obras de arte. Estas maravillas, hacen alusión a la tradición histórica, tanto familiar como del país.

Se conservan de este período piezas de una única tela, whole cloth quilts, así como quilts de aplicación y por supuesto de pieceo (conoce más sobre el paper piecing). Es importante destacar, la tendencia entre las clases más pudientes de la sociedad, entre las que prevalecía el gusto por las piezas aplicadas, ya que requería una mayor inversión económica al mezclar y necesitar más variedad de tejidos, y buena destreza de la quilter.

Sin embargo, entre las clases más llanas, se desarrolló un sentido más funcional y característico en su diseño. Esta apariencia tan funcional sin dejar de lado el sentido estético, se mantiene en la actualidad a través de la comunidad Amish. Y es sin duda su sello y distintivo inequívoco.

Su evolución.

En la historia del patchwork, a medida que los recursos tanto económicos como materiales se hicieron más accesibles, empezó a tener un uso menos utilitario y más refinado y decorativo, por lo que los diseños eran mucho más elaborados, convirtiéndose en piezas de orgullo y status. Comenzaron a formar parte de los tesoros familiares. A principios de 1800, los colonos europeos exportaron sus diseños a América. Estaban basados fundamentalmente en medallones, rodeados de múltiples bordes que ofrecían un sinfín de posibilidades a las quilters, que podían o bien dejarlos solos o combinarlos con bloques de patchwork, con apliqué, con bordados …

historia del patchwork

Aunque en la historia del patchwork existen muchos ejemplos de quilts a los que se dedicó enormes cantidades de tiempo para realizarlos, eran los quilts hechos a pieceo los que se usaban como cubrecamas, por la rapidez en diseñarse y en realizarse. De manera que desde los trozos más pequeños de tela, cualquier resto de pieza que hubiera sido usada para otra labor, se guardaban para usarse como piezas que formarían luego parte de un quilt, convirtiéndose en esos días en los diseños más famosos.

De hecho, se dice que el primer diseño o patrón de patchwork que se fue el Crazy Quilt o Quilt loco. Debe su nombre precisamente a que se usaba cualquier tipo de retal, o resto de tela, sin importar el color, el diseño, el tipo de tela. Si había sido usado para trapos o trabajo en el campo, blusa de mujer, vestido de novia, pantalón de hombre, etc. El resultado era una mezcolanza de color y texturas, pero con un resultado final, lleno de historia detrás de cada pedazo.

Una variación de los trabajos de patchwork acolchados fue el anudado. Consistía en trabajar el top y sujetar las tres capas de la tela mediante unos anudados cada poco espacio para prevenir que la guata se moviese. Otra variación consistía en las colchas de verano, en las que se eliminaba la capa de relleno o guata, pero en las que sí hacía acolchado.

Era tradición que las chicas en edad de casarse, aportaran un ajuar de 12 tops de patchwork. Estos doce trabajos, por supuesto, hechos a pieceo, incluía también un decimo tercer trabajo, que consistía en un trabajo mucho mayor y, de apliqué o pieceo, y que sería para la cama de matrimonio. Una vez casados, la novia terminaría todos esos tops. Lo mismo ocurría con las madres embarazadas, que se encargaban de preparar el ajuar para el bebé venidero o las futuras abuelas.

A pesar de la revolución industrial y la creación de la máquina de coser a principios de 1800 las mujeres no extendieron su uso para la confección de colchas, ya que de algún modo se perdía la esencia que envolvía el quilting, la relajación y disfrute de la costura y la desconexión de las preocupaciones del día a día.

Durante la Guerra Mundial, se hizo más necesario que nunca la elaboración de colchas para proteger a los soldados del frío. En América, por ejemplo, el gobierno destinó toda la producción de lana a esta labor. En Siberia, durante los transportes en tren de los soldados, fue su único modo de mantenerse calientes.

Fue durante la década de los 70 y los 80 cuando las nietas de estas valientes mujeres retomaron el arte del patchwork y el quilting, esta vez más como relajación que por necesidad. Algunas manteniendo las raíces de sus antecesoras, y otras de una manera más artística apareciendo así nuevas técnicas y estilos.

En España, la aparición del patchwork se ve ligada a la influencia árabe. Su primera aparición fue en textos riojanos datados en el siglo XVII, bajo el término árabe de almusalla. Hoy en día conocido como almazuela. Originariamente eran pequeñas alfombras o tapices usados por los árabes para sus oraciones. Más adelante, con la reconquista cristiana, estos tapices quedaron abandonados y no fue hasta más adelante en el siglo X, en Castilla, conocidos también como almozalas, cuando estos trabajos de retacería (conocidos también por ese nombre) fueron retomados y convertidos en lucidos trabajos con los que se realizaron, mantas, colchas, manteles.

La historia del patchwork: de pasatiempo a terapia.

Si bien es cierto, que se han introducido nuevas técnicas y herramientas para hacer el trabajo de patchwork y quilting más rápido y más fácil e incluso más divertido, sus principios siempre se han mantenido intactos. Usamos recursos más modernos para realizar piezas de arte más precisas y elaboradas. Sin embargo, como una vez hicieron nuestros antepasados rifando sus trabajos para obtener beneficios y mandarlos a la Cruz Roja para que se lo hicieran llegar a los soldados en la guerra. Hoy en día, seguimos recaudando dinero para apoyar a aquellos menos favorecidos o compartimos, donamos nuestros trabajos a quienes queremos y sabemos que los van a apreciar y querer durante las generaciones venideras.

Cada colcha es una parte de nosotros, de la historia del patchwork, de nuestra historia, de vivencias y experiencias. Es un reflejo de nuestra vida en ese momento, que se mantendrá en el tiempo más allá cuando nosotros ya no estemos. Y por si aún esto fuera poco. Los momentos que compartimos con otras quilters, las costuras en grupo, son una terapia excepcional contra enfermedades cognitivas como la depresión, ansiedad, tristeza, melancolía…de hecho, se le conoce como terapia entre telas, muchos estudios así lo demuestran.

Podemos decir que más allá del pasatiempo, empieza la terapia. Una terapia que además de poner en valor, la capacidad y el desarrollo personal de cada quilter, crea unos lazos afectivos con las compañeras o grupo de costura, que van más allá de las preocupaciones y los quebraderos de cabeza del día a día. Porque no se me ocurre mejor manera de completar un día que disfrutando de buena compañía rodeada de una buena labor de costura y patchwork, no te parece?

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Felices costuras soletes!

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